Davalor Salud
A mediados de la década pasada, una startup navarra llamada Davalor Salud levantó una cantidad notable de entusiasmo y de dinero alrededor de una idea: una máquina capaz de medir hasta 75 parámetros de tu visión en pocos minutos. Se llamaba EVA. El usuario se sentaba, realizaba pruebas interactivas en una especie de realidad virtual, y al final recibía un informe visual completo por 25 euros.
La máquina era impresionante físicamente. Era también del tamaño de un simulador espacial de recreativos. Eso resultó ser un problema: pocas ópticas tenían espacio para alojarla, y las que lo tenían preferían dedicarlo a expositores de monturas. A esto se sumó que poca gente estaba dispuesta a pagar por un diagnóstico preventivo cuando no le dolía nada.
En 2018, Davalor entró en concurso de acreedores con deudas de 19 millones de euros. Alrededor de 3.000 inversores, la mayoría navarros, habían puesto 18 millones entre todos. La historia tuvo su capítulo político —Sodena, la sociedad pública navarra de desarrollo, había prestado 2,6 millones— y terminó siendo uno de los casos empresariales más sonados de la comunidad en mucho tiempo. El caso judicial se archivó en 2025.
Lo que no quita que la máquina fuera real, que la tecnología parecía funcionar, y que durante un tiempo esto tuviera toda la pinta de poder ser algo.
El encargo
Antes de que todo eso ocurriera, el equipo de Biko2 —donde colaboraba entonces— recibió el encargo de la web de Davalor. La landing iba a ser densa: mucho contenido, animaciones, bastante carga en el front. Investigando cómo aligerarla me encontré con SMIL, y propuse apostar por SVGs animados para los elementos gráficos: sin dependencias externas, coste de CPU mínimo, el archivo es la animación.
Los hice en seis piezas. Son pequeños y directos, y tienen una particularidad técnica: las animaciones están escritas en SMIL.
Qué es SMIL
SMIL (Synchronized Multimedia Integration Language) es un estándar del W3C que permite describir animaciones directamente en XML. En el contexto de SVG, significa que puedes escribir una animación dentro del propio archivo, sin JavaScript y sin CSS.
No es nuevo. SMIL lleva en SVG desde los primeros borradores del estándar, allá por el año 2000. Pero con la llegada de CSS animations y librerías como GSAP quedó completamente en el olvido. La mayoría de desarrolladores actuales nunca lo han usado ni lo han visto en la práctica.
Tiene cosas que lo hacen genuinamente útil en ciertos casos: puede animar atributos SVG nativos (como el radio de un círculo o el stroke-dashoffset de un trazado) que CSS no puede tocar sin trucos, y la animación vive literalmente dentro del archivo, sin ningún recurso externo.
El caso más claro donde SMIL no tiene rival es animateMotion: mover un elemento a lo largo de un trazado <path> arbitrario. CSS no puede hacer eso sin JavaScript. Otro punto fuerte es el encadenado por eventos —begin="otro.click", begin="animacion1.end+0.5s"— que permite construir secuencias sin una sola línea de código.
En 2015 estuvo a punto de desaparecer. Chrome anunció la deprecación, llegó a mostrar warnings en consola y la comunidad lo dio por muerto. Pero el grupo de trabajo de SVG respondió con fuerza, Google retiró el intent en 2016 y el soporte quedó prorrogado indefinidamente. El problema es que toda la documentación escrita en ese periodo de incertidumbre sigue online diciendo "no uses SMIL" — y nadie la ha actualizado.
El truco del círculo invisible
Todos estos iconos comparten un patrón: hay un elemento <circle> transparente, del mismo tamaño que el icono, con id="OVER" y fill-opacity="0". No se ve, pero captura los eventos de ratón.
Las animaciones de cada elemento referencian begin="OVER.mouseover": es la sintaxis SMIL para enlazar el inicio de una animación con un evento ocurrido en otro elemento. Al pasar el cursor en cualquier punto del icono, se disparan todas las animaciones coordinadas, cada una con su propio tiempo y curva de easing.
Sin JavaScript. Sin CSS. Solo XML dentro del SVG.
Los seis iconos
Pásate por encima de cada uno y los verás en movimiento.
No son espectaculares. Pero son monos, ligeros y hacen lo que tienen que hacer. Y sobreviven a la empresa que los encargó.
Si quieres usarlos o trastear con el código SMIL, descárgatelos en zip (6 archivos, ~30 KB).